Nos remontamos al último rey de la anterior dinastía de los Austrias, Carlos II, conocido como “el hechizado” el cual por una serie de problemas genéticos debido a la endogamia familiar producida durante generaciones, había muerto sin descendencia el 1 de noviembre del año 1700 pese a haber contraído matrimonio en dos ocasiones. Este monarca había dejado como heredero al trono al nieto del rey francés, Luis XIV, pero esto había ocasionado muchas envidias y sus detractores alegaban que había sido manipulado para firmar su testamento. Su propia esposa, Mariana de Neoburgo, proponía como sucesor al Archiduque Carlos de Austria, decisión respaldada por otros países como Inglaterra y Holanda que querían evitar a toda costa una alianza entre España y Francia. Así es como comenzó la Guerra Sucesión que se prolongó durante 14 años y que concluyó con la victoria francesa y la firma del Tratado de Utrech en el que la corona española renunció a numerosos territorios como Gibraltar o Menorca.